sábado, 1 de septiembre de 2018

Presentación de la música en Cordoba 2007

Domingo 13 de mayo de 2007
Edición impresa | Espectáculos | Nota
Mundo Chico
Poemas en nombre de Javier
El Teatro Estable de Títeres estrena la obra “El gallo Pinto”, sobre poesías de Javier Villafañe. La cita es esta tarde a la 17 en la sala mayor del Real.
Beatriz Molinari
De nuestra Redacción
bmolinari@lavozdelinterior.com.ar
Si a alguien le cabe con justicia el título de maestro, es a Javier Villafañe (24 de junio de 1909-1° de abril de 1996), el genial titiritero que dejó entre sus obras, El gallo Pinto. Para esa serie de nueve poemas, Coco Romero pensó la música y el titiritero y director Rafael Curci imaginó una puesta con títeres de mesa. El Teatro Estable de Títeres estrena la obra esta tarde a las 17 en la sala mayor del Teatro Real (San Jerónimo 66).

Curci conoció a Villafañe en 1986 en el San Martín de Buenos Aires. El director uruguayo (porteño por adopción) formó parte del Grupo de Titiriteros del Teatro General San Martín hasta 2005. “Durante dos años me transmitió su experiencia; cuando empecé a escribir mis primeras obras, Javier me guió en la escritura. Preparé una antología que presentamos con Bufano en la Feria del Libro de Buenos Aires hace tiempo y me quedé con la idea de hacer una obra de Javier, pero quería que fuera alguna de las obras menos representadas”, comenta Curci.
Mientras tanto, Coco Romero, investigador de murga, compuso los temas de los nueve poemas. Curci se asoció a Romero y cuando el Teatro Real le propuso trabajar con el Teatro Estable, planteó El gallo Pinto como un homenaje al maestro y un regreso sencillo a la poesía para los niños.
“Este es un encuentro que, además, promueve la descentralización, para que no se presenten las obras sólo en la capital. En El gallo Pinto confluyen tres vertientes: poesía, música, con el lirismo de Coco y los títeres. Yo soy el gran catalizador; mi trabajo conecta las vertientes”, explica el director. la obra está planteada con títeres de mesa, con los manipuladores a la vista, vestidos con mameluco, a la manera de Javier.
La novedad es que los personajes no hablan. Las poesías aparecen en la banda sonora. “Es un trabajo plástico muy delicado. Sólo organicé los poemas con un hilo conductor: desde el canto del gallo, hasta la noche. La obra escapa a las puestas habituales. Los títeres realizan acciones sin hablar. La puesta es sencilla, pero pretendemos que los chicos se queden en la butaca, quietos y escuchando; que miren y atiendan. Que retomen la oralidad como la recibíamos nosotros. Estoy en desacuerdo con los espectáculos de música ramplona, colorinche, con actores hablando con voz gangosa. El chico, cuando escucha, se vuelve tolerante, más paciente, y aprende otros tiempos”, concluye el director invitado por el Teatro Estable de Títeres.
Los muñecos y los otros, una combinación mágica para los niños. Foto: José Gabriel Hernández










Honores al viejo maestro

06/06/2009 - 0:00
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ENTREVISTA A COCO ROMERO
Honores al viejo maestro

El músico, experto y cultor de la murga, le puso tonos y melodías a “Los caminos del Gallo Pinto”, el último libro del mítico titiritero Javier Villafañe.
A los homenajes que se están sucediendo por estos días al titiritero y poeta Javier Villafañe (por el centenario de su nacimiento) se suma otro, musical y dedicado a los chicos. Se trata del disco Los caminos del Gallo Pinto, último trabajo del investigador y cultor de la murga, Coco Romero, quien musicalizó el libro de poemas homónimo de Villafañe (1909-1996).
"Antes de meterme con la murga, una pasión fueron los títeres -explica Coco-, me formé con Pepe Ruiz, con Ariel Bufano, discípulo directo de Javier Villafañe, además yo había estudiado Bellas Artes". Fue a través de Pablo Medina, biógrafo de Javier y poseedor de un nutrido centro de documentación, que Coco se acercó aún más a la obra del titiritero y hasta llegó a conocerlo personalmente. "El tenía toda la historia de Javier y cuando vuelve del exilio en el 84, Pablo me invita a comer con él. Ese día decidí conseguir toda su obra".
El armado del disco fue, en realidad, una secuencia larga. En su breve época de titiritero, Coco musicalizó tres poemas de Javier. Años, después, en el 2000, se topó en una librería de Corrientes con una edición original de 1947 de El gallo Pinto, que incluía ilustraciones hechas por chicos. "El prólogo me reventó la cabeza -recuerda-, era un tipo que ya en la década del '40 estaba en la vanguardia de la educación por el arte, había estado en las escuelas de puertas abiertas, había juntado en un año 30 mil dibujos de chicos, él plantea ahí cómo dibuja el niño que come y cómo el que no. Y cómo se le despertaba al niño el mundo de la imaginación a través de la palabra".

Cuando en el 2001, la crisis le hizo replantearse el ambicioso proyecto murguero que estaba llevando a cabo, decide musicalizar todo el libro y hacer un disco. Coco cree que los niños deben escuchar poesía. "Debe estar en su formación, después no interesa que sean poetas. Un niño que canta, dibuja, piensa tendrá para el futuro algo en su alforja que va a colaborar con su vida", dice.

A veces algunos mayores temen que los chicos no entiendan ciertos espectáculos poéticos...

Yo lo plantearía como las cosas que hay que probar, esto es como un color más en una paleta absolutamente libre. Es importante que ese niño acuda a la obra de Javier. Le propongo a esa mamá que le recite durante una semana al niño tres minutos antes de irse a dormir y que después me cuente. Si el chico saborea la poesía, después va a ir a otros.
¿Y en la composición tuviste en cuenta que lo escucharían chicos?
Más que nada pensé en los paisajes sonoros, por eso hay una idea de las carretas, de los grillos, de los gatos, que aparecen en el libro de poemas, de contar a través de este paisaje sonoro un cuento. Y he tratado de respetar es que haya instrumentos verdaderos.

El disco fue de alguna forma "testeado". "Al estar en el Momusi -cuenta-, este repertorio lo canté con chicos muchas veces, en Trelew, en festivales infantiles, en escuelas medias, en escuelas pobres, en lugares bravos donde el niño venía y nos pateaba el bombo y esto fue fogueando el material". Fue durante esos "testeos" que surgió la idea de incluir una murga a modo de facilitador. "La murga que compuse es para que las maestras en las escuelas hagan murgas leyendo la obra de Javier -cuenta Coco-. Eso los va a meter en un mundo de fantasía. La idea es que jueguen a la murga y conozcan la obra de Javier".
Un gallo para Momo
Coco Romero, especialista en murgas y carnavales, homenajea la obra del poeta titiritero Javier Villafañe.
Diego Oscar Ramos . Rumbos . 2009
Este 2009 que anda marchándose, al son de bombos y matracas, tuvo entre sus aconteceres uno de esos grandes eventos de visibilidad masiva quizás circunscripta a unos pocos curiosos. Repitamos entonces, que en el año en el que se cumplió un siglo desde su nacimiento, el histórico titiritero poeta argentino Javier Villafañe recibió, desde el paraíso de los creadores, un presente de Coco Romero, habitante incansable de la tierra del carnaval. El regalo al máximo exponente nacional de la escritura para títeres fue el disco Los caminos del gallo pinto, donde el murguero musicalizó los poemas del libro homónimo, basándose en una edición de 1947 de la obra. Allí Villafañe buscaba movilizar la imaginación poética de los niños, a quienes también valorizaba al incluir en la publicación una selección de los miles de dibujos que fue juntando en las giras nacionales donde los hacía dibujar. “Fue un desafío conceptual musicalizar 10 de los poemas, encontrarle un clima a cada uno y encontrar la idea de la carreta como un personaje central, porque el viejo hizo el camino de pueblo en pueblo así, lo que es increíble”, comenta Romero, sorprendido aún de la gesta itinerante del poeta argentino, que pasó buena parte de su vida andando en carromato por el país. “Toda su obra la hizo andante, no hay titiritero del mundo que no haga sus obras, fue a Rusia, a China y en Cuba tiene una plaza dedicada a sus personajes”, resume el guitarrista sobre la carrera de Villafañe, nacido en 1909, a quien Romero llegó a conocer poco antes de que se fuera con sus retablos, en 1986, de gira hacia otros mundos que precisaran de sus títeres.
- ¿Cómo nace tu historia con Villafañe?
- Después que terminamos con el grupo La fuente, con quienes grabamos 3 discos y hasta hablamos de los desparecidos durante la dictadura, hice un viaje por el norte, me enamoré del mundo de los títeres, uní las Bellas Artes que había estudiado de joven y el nombre de Javier Villafañe, el padre mítico del género, aparecía mencionado por discípulos de él, como Ariel Bufano, uno de mis maestros, que lo trae al Teatro San Martín. Gracias a uno de sus biógrafos llegué a cenar con él. Además, haciendo teatro de objetos, fui a México en los 90 y llevé a la feria de Guadalajara un par de obras de títeres de Javier. Ya había musicalizado dos poemas de Los caminos del gallo pinto, que cantaba ante 2 mil niños. Ahí me di cuenta, cuando veía que había chicos que venían varias veces, que estaba siendo un transmisor de Javier. Lo venían a ver a él.
- ¿Qué te atraía de su arte?
- Lo que me fascina es su poesía. El viejo contaba sus poemas y los niños dibujaban, esto me impactó. Y su historia. Nació en Almagro, un barrio murguero, juntaba letras de murgas y en la década del 30, renunció a su trabajo en Obras Sanitarias, con una carta en decimas, diciendo que se iba a hacer títeres. Ahí pegó un carro, para viajar mirando al cielo, con una paja en la boca, haciendo títeres con un amigo, por la Argentina. En la década del 60 escribe Las aventuras de don Juan el zorro, los cuentos más desparramados en el país, en todos lados hay relatos tradición oral ligados a ese personaje. Y ese libro, publicado por editorial Claridad, fue prohibido en la etapa de Onganía, él debe irse a Venezuela, donde empieza a desarrollar una movida con los títeres, en la Universidad, saca revistas, sigue escribiendo y se le ocurre un proyecto que ofrece a la Secretaría de Cultura, para hacer el Camino de La Mancha. Y pagado por el gobierno, va por todos los pueblos, haciendo títeres, contando poemas y los chicos dibujando. Después vuelve a Buenos Aires, con esta experiencia hecha libro, Maese Trotamundos por el camino de Don Quijote.
- ¿Y esos libros deben estar entre tus tesoros, es así?
- Sí, junto a mis 3 mil libros de carnaval. Cada vez que veía algo de Javier lo compraba. Un día paso por Sarmiento al 1500, por una librería y encuentro una edición divina, de 1947, de editorial Huarpes, de Los caminos del gallo pinto. El en un año había juntado 30 mil dibujos de niños, de todas las geografías y niveles sociales. Y decía que cuando un niño no come, no pinta, se ocupaba de lo social, además de motivar a los niños con la poesía. Ahí fue mi enamoramiento con el libro, se me juntaba todo, la fantasía, la creatividad.

LANZAMIENTO DEL CD


espectaculos                                                  MIÉRCOLES, 17 DE JUNIO DE 2009
 Pag.12 
Lanzamientos
Discos
7-Los caminos del gallo pinto
Javier Villafañe - Coco Romero Independiente
Fue una bella edición de 1947 de El gallo pinto, del poeta y titiritero Javier Villafañe, hallada en una librería de usados, la que disparó este disco que no limita su público receptor a una edad determinada, la de la niñez, por ejemplo. A partir de allí, de la mano de Coco Romero –más la dirección musical del bajista José Ríos–, la palabra del poeta se viste con ritmos afroamericanos, murgas y nanas. “Es mi deseo que los niños del mundo bailen nuestra murga y conozcan la poesía de Javier”, dice Coco Romero. Así sea. K. M.

Romance del señor titiritero Javier Villafañe

Romance del señor titiritero


¡Pero qué elegancia lleva
el señor titiritero!
Una casaca de pana,
pantalón marinero,
botines de doble suela
y un gorro color de cielo.
¡Ah! Mírenlo cuando habla
y tiende la mano al pecho
y le hace sombra en la frente
un puñado de cabellos.
Muy bien pudiera pasar
por un señor de otros tiempos
–España de los Hidalgos
y carabelas al viento–
y decir si se le antoja:
–Dejé a treinta moros muertos...
O: –Una vez por una dama...
O: –Ayer salí de un convento...
Y nadie puede dudarlo,
todo lo que él dice es cierto.
¡Esa casaca de pana
y ese gorro color cielo!

Villafañe, Javier. “El poeta de la Andariega”
Ilustrado por María Wernicke
Dirección de Cultura y Educación, Provincia de Buenos Aires.
Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba)

viernes, 10 de agosto de 2018

JAVIER VILLAFAÑE Ese hombre, niño La Palabra, 2009

Jueves 9 de Julio de 2009
La Palabra
En busca de... Coco Romero, músico
Maese Javier... ese hombre niño
Conocido por la recuperación de la murga como movimiento tradicional de la máxima expresión del carnaval urbano, nuestro entrevistado inició un trabajo minucioso rescatando también poemas de Javier Villafañe de la mano de su biógrafo Pablo Medina. La musicalización de esa obra destacada, la historia de esta experiencia inolvidable y la posibilidad de compartirla con los niños, son motivo de esta charla.
LP - ¿Quién fue Javier Villafañe?
C.R. - Un artista universal, un alma trashumante que nació en Buenos Aires en 1909 en el barrio de Almagro, conocido como uno de los pioneros del género titiritero en la Argentina.

Un extraordinario narrador de cuentos, escritor, ensayista, investigador, gran poeta, además de un educador por el arte nato. Vivió su formación en un momento especial de la cultura de nuestro país, sólo menciono que en su juventud frecuentaba las funciones del teatro de títeres siciliano San Carlino en el barrio de La Boca, que también presenciaba su amigo Raúl González Tuñón y su grupo de andanzas estaba integrado por Enrique Wernicke, los hermanos Fridman y Enrique Molina entre otros. Mediando la década del 30 junto a su compañero de ruta Juan Pedro Ramos pasan un año preparando su carreta teatro y su espectáculo de títeres. Entre los colaboradores ilustres de escenografías, decorados y vestuarios de los personajes de papel maché figuraban Pettoruti, Butler, Soldi, Basaldúa, Carybé, Larrañaga y una lista interminables de artistas formaron parte de ese momento histórico.
LP - ¿Cómo conociste el nombre de Javier?
C.R. - Después de cursar unos años en la década del '70 en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano en Barracas -en el 76 me tocó la colimba- encontré en el teatro de títeres un medio de expresión contundente y esto me llevó a la búsqueda de maestros referentes, que me introdujeron en el arte popular de los fantoches, con aquel entusiasmo conocí a Pepe Ruiz, Mane Bernardo, Gloria Díaz y Ariel Bufano, siempre en las clases de los distintos maestros aparecía el espíritu de Javier, unos lo mencionaban por conocerlo personalmente, otros por ser discípulo, amigo, compañero o por la admiración que despertaba. Desde que ingresé al arte titiritero Javier es un ser inseparable de este arte, sus obras ya eran clásicos y fueron interpretadas por titiriteros profesionales o noveles.
LP - ¿Cuándo descubriste su obra?
C.R. - La obra la fui descubriendo de a poco. Primeros las obras "La calle de los fantasmas", "El pícaro burlado", sus logrados recitados de presentación y luego su obra casi completa. Pepe Ruiz me llevó a conocer "La nube", una librería especializada, fue clave en esa época conocer a su director Pablo Medina, cuando la sede estaba en la calle Venezuela 3029, se me abrió un universo de gran utilidad para los años venideros, allí estaba prácticamente todo lo existente hasta ese momento sobre la historia de títere en la Argentina. Y por supuesto la obra de Javier ya que Pablo fue su biógrafo más importante. Fui a verlo actuar durante 1985, después de su retorno al país en los primeros años de la democracia, realizaba presentaciones narrando historias, la escenografía era una silla una mesa y eso bastaba para que Javier contara las andanzas de "Maese Trotamundo por los caminos del Quijote", itinerario que hizo junto a un elenco sobre un carromato como en su juventud. La fascinación por los relatos realistas y mágicos me llevó a interesarme por conseguir su obra. Las librerías de viejos y usados y la feria de libros del Parque Rivadavia que siempre te deparan sorpresas me ayudaron a conseguirla. Desde aquellos años hasta la actualidad conservo la amistad con Pablo que siempre me asombra con la producción de Javier, cuando tengo dudas recurro a su memoria, ya que él conserva, creo, el archivo más completo.
LP - ¿Cómo y cuándo llegaste a él personalmente?
C.R. - Un día Pablo Medina me invita a cenar con Javier, aproveché en esa noche inolvidable para preguntarle sobre la murga de su infancia, una síntesis de aquella charla la reproduje en mi libro sobre la historia de la murga. Por último, en La calle de los Títeres, Javier dio una charla sobre "El diablo" y allí fui con una filmadora y registré aquella disertación que conservo con afecto.
LP - ¿Dónde encontraste el libro del Gallo Pinto?
C.R. - Pasados los años encontré otra edición del libro de poemas "El Gallo Pinto" en la librería que está frente al Centro Cultural San Martín en Sarmiento al 1500, allí por seis pesos conseguí de la editorial Huarpes, una cuidada y hermosa edición, donde niños que lo escucharon en su peregrinar poético, inspirados por las metáforas plasmaron deliciosas ilustraciones. Al leer el prólogo de este libro escrito durante los '40 fue muy aleccionador pues ofrecía una aguda observación de la realidad y un invalorable aporte a la educación artística. Ediciones posteriores, a veces no publicaron esta introducción, pero esa edición con dibujos hermosísimos, llenos de alegría y originalidad tenían un prólogo, que aún hoy tiene vigencia.
LP - ¿Qué te inspiró a musicalizarlo y cómo resolviste lo de las melodías y los ritmos elegidos?
C.R. - La inspiración fue su poesía. El primer paso fue en 1989, para entonces había preparado un espectáculo como titiritero solista, con textos de Javier Villafañe que se llamaba "Por los caminos del Gallo Pinto", cuentos, títeres y poemas, había compuesto la música para dos poemas de diez que contiene el libro, estos fueron: "El Gallo Pinto" y "El viejo ratón". La primera, canción murga y la segunda, una murguita. Además contaba dos relatos y brindaba dos obras: "El pícaro burlado" y "El diablo de las tres colas".
LP - Y el disco ¿un homenaje a sus 100 años?
C.R. - Tardé bastante en encontrar la idea de musicalizar el libro, la decisión final fue durante el 2005 y la visión la compartí con José Ríos, músico y bajista con quién grabé un disco anterior "La sopa de Solís", con él entablamos una hermandad artística, un diálogo creativo muy interesante. Creo que fue quien escuchó con gran atención la idea sobre "El Gallo Pinto", le iba dejando canción por canción, como se dice vulgarmente José se puso la camiseta y cargó con la responsabilidad de llevar adelante la producción musical, ya que el estudio de grabación está en su casa. Un día le dejaba una tema, luego intercambiábamos pareceres sobre la producción artística, escuchábamos, cambiábamos, ajustábamos todo el trabajo fue artesanal en su pequeño estudio. Los músicos amigos aportaron su talento, realmente con todos los que participaron en esta producción es para una historia aparte porque todo está teñido del espíritu villafañesco. Compuse durante los dos años siguientes los temas restantes del libro, fueron nueve melodías, pues hay una que había escuchado cantar al Tata Cedrón: "Sueño de un niño negro", siempre me gustó el tema, así que decidí conectarme con él y decirle que le versionaría su tema. Esa etapa la bauticé como "Enclave Balvanera", pues el Centro Cultural Rojas, mi lugar de trabajo, la casa de José y mi taller en Once, conforman un triángulo geográfico ubicado en ese barrio Balvanera.
LP - La presencia de la murga en el trabajo: su importancia.
C.R. - Hay dos murguitas y alguna base construida sobre la rítmica murguera, en este disco he intentado volver a un trabajo más musical donde lo murguero conviva con otras rítmicas, sobre todo en tiempo de 3/4, en toques afroamericanos. También hemos buscado con Ríos generar un clima de naturaleza del andar de la carreta Andariega, el canto de los grillos y los pájaros y el galope del caballo. Agregué un tema "El romance del señor titiritero", que Javier publicara en 1938. Por último en la etapa del final del trabajo ingresamos al Momusi, espacio dedicado a la música infantil, después de una cantidad de presentaciones me dí cuenta que faltaba una canción murga dedicada a Javier, sobre todo porque en vivo juego bastante con la gestualidad murguera e intento divulgar el siguiente mensaje: que los niños jueguen a la murga y conozcan la obra de Javier.
LP - ¿Quién fue para vos Javier Villafañe?
C.R. - Vuelvo a lo dicho en el comienzo. Cuando desparramo sobre una mesa los libros de su autoría me resulta admirable su obra. Lo popular siempre presente: las plazas, calles, los caminos y la libertad. Algo que descubrí en este camino del Gallo Pinto es que Javier no escribía realismo mágico sino que lo vivía, he intentado seguir esa huella y la respuesta es increíble. Por suerte el proyecto salió en forma independiente, espero pueda llegar a muchos chicos, han sido muchas horas de dedicación a "El Gallo Pinto", un clásico de la literatura infantil argentina. Y podemos seguir comunicados en www.cocoromero.com.ar.